La alimentación en la historia (I)

A la hora de abordar criterios sensatos de alimentación no debemos perder de vista, entre otros factores, que nuestro sistema digestivo es el resultado de millones de años de evolución biológica.

Nuestra composición genética ha tenido que adaptarse a lo largo de millones de años a diferentes formas de alimentación en función de las condiciones climáticas y recursos disponibles, hasta llegar al momento actual donde igualmente nuevas circunstancias exigen nuevos hábitos.

No podemos ignorar las características de nuestro aparato digestivo si queremos alimentarnos saludablemente. Aunque esta apreciación parece obvia la realidad nos dice que tendemos a ignorarlo con ingestas difícilmente asumibles por nuestro organismo. Hagamos un rápido repaso de la evolución de nuestros ancestros para entender este proceso evolutivo.

Evolución del esqueleto humanoSi nos remontamos a los primeros homínidos, observamos como su dieta era abundante y se componía de manera preferente por vegetales, raicillas tiernas, brotes, semillas, frutos y hojas, junto con algunos aportes complementarios en forma de insectos, huevos de aves y animales de pequeña envergadura.

El primer salto evolutivo se da con la pérdida de los bosques húmedos del trópico que dejan al alcance de nuestros predecesores (Australopithecus, 2.000.000 a.C) sólo algunas raíces, tallos, cortezas, tubérculos y vegetales de escaso valor nutritivo. Aparece el fenómeno del hambre y hay que recurrir al oportunismo y a la carroña. El alimento escasea y el cuerpo debe transformarse para ser capaz de ingerir grandes cantidades de golpe y almacenar reservas de energía. Esta disminución de los recursos alimenticios es uno de los factores claves que originara la bipedestación por la necesidad, entre otras, de hacer desplazamientos más largos bajo un ardiente sol en busca del preciado alimento.

Además, disponiendo de las manos libres se hacía posible atrapar piezas mayores y en consecuencia incrementar el aporte estable de proteínas a la dieta, aporte que será aún mayor cuando el Homo Erectus (800.000 a.C.) descubre el fuego, comienza a utilizar diferentes útiles como herramientas y se inicia la distribución de tareas en los clanes.

cerebros-australopithecus-erectus-sapiensNo obstante no podemos pasar por alto que el consumo energético para la consecución de los nutrientes también se hacía considerablemente mayor. Estas herramientas de caza (redes, flechas, hachas, arpones…) así como las técnicas serán perfeccionadas por el Homo Sapiens (500.000 a.C.) hasta llegar a un punto en que la alimentación se vuelve eminentemente cárnica.

El hombre ha pasado de una etapa inicial como herbívoro a un estadío donde su dieta es casi exclusivamente carnívora. El tubo digestivo se ha hecho más corto y el cerebro ha visto incrementado su tamaño.

Tras miles de años de glaciaciones, en los que la caza, la pesca y el oportunismo van a ser los únicos recursos que permiten la supervivencia, y finalizada la última glaciación la coyuntura del medio se vuelve más amable. Se da un nuevo salto en la evolución. Estamos en la revolución del Neolítico (8000 a.C.). El hombre pasa de un modus vivendi nómada basado en la caza y la pesca al sedentarismo donde sus recursos principales se obtendrán a partir de la agricultura y la ganadería, con una dieta más rica, más variada y sobre todo más regular, incorporando alimentos tan importantes como los cereales y leguminosas.

Este somero repaso histórico nos da una idea de los cambios de alimentación y las adaptaciones metabólicas a las que se vieron sometidos nuestros antepasados y que han determinado en última instancia nuestras características morfológicas, fisiológicas y bioquímicas.

neandertales


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